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"Cuando llegó de Cuba ya tenía un pasado porteño", Claribel Terré Morell en Clarin

Octubre 5, 2012


Claribel Terré Morell. Aprendió sobre el Che en la escuela. Creció mirando cine argentino y escuchando a María Elena Walsh. Hasta que se enamoró de un argentino y se instaló en Buenos Aires.  

He vivido en Buenos Aires los últimos 20 años. Cuando viajo a ciudades de otros países, la extraño con fuerza. Aquí está parte de mi alma, la más sincera, la más racional y también la más loca. Aquí también cuido mi voz, para que siempre sea la mía, convencida de que la identidad no se reduce a la suma de rastros. Esta convicción me ha servido siempre.

Nací en una isla y ya se sabe: las islas son siempre utopía. Cuba, se llama la mía. Vuelvo, una y otra vez a ella y la redescubro a mi manera en los ojos de mi madre o en los de mis hermanos que están allá, o en las de mis amigas, hermanas que me dio Buenos Aires, Odalys Villamil y Ani Mestre, tan cubanas como yo.

Estudié Licenciatura en Periodismo en la Universidad de La Habana. Durante muchos años fui periodista en dos de los medios más importantes de Cuba y trabajé con Fidel Castro. Entrevisté a presidentes y a escritores, a obreros e intelectuales, a economistas y cantantes. Alguna de mis entrevistas hicieron nacer canciones famosas y en una conocí a un argentino que me hizo cruzar el Caribe y el Atlántico para llegar al fin del mundo.

En mi vida siempre estuvo Argentina. A los 15 años, en Cienfuegos, le di un abrazo de película a Julio Cortázar bajo un aguacero tropical en medio de un puente largo que entraba a la mar. "Vos tenés el poder de volver posible lo imposible", me dijo él. Minutos antes le había leído un cuento que se llamaba "Yo quiero ser Mirtha Legrand", que hablaba de una chica cubana que todas las tardes a la 1 y 30 se sentaba frente al televisor para ver, como única opción, películas argentinas viejas. Una historia verídica.

Greta que vive en Buenos Aires y es la protagonista de todos mis libros de ficción dice, para ratificar su amor, que Argentina siempre fue su Patria espiritual.

Como todos mis personajes, pase lo que pase, yo también quiero a este país.  Aprendí a leer y a escribir en una escuela cubana que se llamaba Guerrillero Heroico, por el Che.  Crecí escuchando "El brujito de Gulubú", de María Elena Walsh, Gardel, Los Cinco Latinos, Mercedes Sosa, Les Luthiers. Luego llegó Fito Páez, que tenía mi edad y cantaba "Ciudad de pobres corazones" cuando el mío ya lo tenía un porteño.

A Buenos Aires llegué de noche y en avión en 1993. Todavía algunos me preguntan si lo hice en balsa, ignorando límites geográficos insalvables. Dirijo aquí una consultora de comunicación y contenidos gourmet (Terre de Boisson). Tengo la experiencia que da haber vivido el socialismo y el capitalismo y rescato lo mejor de ambos... sin dramatismo, buscando lo bueno de cada uno.  Hace unos días presenté mi último libro, el más argentino de todos: "El perfecto sommelier". Lo escribí a cuatro manos con el español Alejandro Barrientos, el sommelier del Hotel Alvear y La Bourgogne. Un libro sobre la "Bebida Nacional" escrito por extranjeros en Buenos Aires.

Hace 18 años que estoy casada con Sergio, un argentino a quien entrevisté en Cuba y mis hijos, Laura y Pablo, nacieron aquí. De sus escuelas me llamaron varias veces para pedirme que no les hable en cubano. Las maestras comentan que mis hijos dicen tienda (por local o negocio), sala, (por living) ponchar (por desaprobar), canillas (por los tobillos), carmelita (por marrón).

Amo Buenos Aires y sé por dónde entrarle. Tengo un auto que me da miedo manejar y una comprensible claustrofobia al transporte público: una excusa para caminar y buscar parecidos. Algunas veces sé que exagero. Si estoy en San Telmo veo la Habana Vieja. Monserrat es Centro Habana, Barrio Norte, donde vivo, es el Vedado, Recoleta y San Isidro se me parecen a partes de Miramar y la Quinta Avenida.

Nunca me aburro en esta ciudad. Amo sus parques, las cuatro estaciones, la tranquilidad de sus cafecitos, la comida casera y la gourmet, la tonada, que todos se besen sin conocerse... y los quioscos "Abierto las 24 horas", los peluqueros que en su mayoría son hombres, que se coma un asado a las 10 de la noche o a las 4 de la mañana. Sufro, eso sí, como cualquier porteño nativo, los cortes de calle, el tráfico interminable, las interrogantes por el futuro, la inseguridad, el deseo de un país sin heridas. Percibo que el contacto con el pasado y el presente ha reforzado mi interés por la historia. Sigo feliz en esta ciudad.Para ser casi perfecta, a Buenos Aires sólo le falta un mar tibio y único como un corazón.

Fuente: Clarin.com: http://www.clarin.com/capital_federal/llego-Cuba-pasado-porteno_0_642535909.html

 
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