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Prensa

"Ya se siente porteña y con el corazón mirando al Sur", Laurence Thouin en Clarin

Octubre 5, 2012


En su tercer viaje desde Francia, fundó acá la revista Los Inrockuptibles. Vio crecer a la Ciudad y hoy no cambia por nada sus caminatas por Puerto Madero, la Reserva Ecológica y La Boca.

Fue un día de febrero de 1986. Estaba instalada para pasar la noche en el tren Puerta del Sol que unía Madrid con París, volviendo de vacaciones estudiantiles, cuando entró en el compartimiento un muchacho que me impactó: era toda luz en medio de tanto frío, lluvia y gris. Resultó ser un joven médico cirujano argentino que iniciaba su primer viaje por Europa. Fue también mi primer contacto concreto con la argentinidad que se sumó a todo un universo poético, excesivo, trágico y nostálgico que mi imaginación siempre había asociado con este país.

Decidí viajar a Buenos Aires en agosto, pese a la oposición de mi familia y me quedé un mes. Volví cuatro años más tarde, al finalizar una pasantía en Washington, para visitar a una amiga argentina que había vivido un año conmigo en París. Durante ese viaje conocí al hombre con el cual compartí 12 años de mi vida y tuve 2 hijos. En el 91 aterricé por tercera vez en Buenos Aires, pensando seguir camino a Chile para hacer un posgrado, pero nunca más me fui de la Argentina porque me quedé anclada en San Telmo, a una cuadra de la Plaza Dorrego.

Mi primer trabajo fue como responsable editorial en Edicial, que tenía sus oficinas dentro de la vieja librería francesa Palacio del Libro, ubicada frente al café Tortoni, donde iba a almorzar y me encontraba con hombres de corbata jugando al dominó. Tiempo después, monté un departamento editorial corporativo dentro de la agencia de diseño y publicidad de mi pareja. A raíz de la Casa Foa 93, instalamos nuestras oficinas en uno de los docks de Puerto Madero. Fue una apuesta: el barrio estaba en sus inicios, muy aislado de la Ciudad y en aquel entonces, desde nuestra ventana, solo se veían terrenos baldíos. En esa época también se nos ocurrió, junto con una joven periodista, la alocada idea de editar Los Inrockuptibles en la Argentina: terminamos reuniendo a nueve socios inversores muy disímiles, entre ellos a Juan Di Natale y Ernestina Pais, y lanzamos la revista en julio del 96.

A lo largo de los quince años siguientes, Los Inrockuptibles se convirtió en una publicación de culto, en fase con la onda porteña, que ampliamos a una guía, a fiestas, a recitales y hasta realizamos un festival en la terraza del Centro Cultural Recoleta.

En paralelo, la Ciudad se iba transformando a gran velocidad: el Bajo, las Cañitas, Palermo... Cada semana se podía ir a conocer un nuevo restaurante, bar, boliche –me acuerdo en especial del Morocco y del Dorado, donde solía ir, en la calle Hipólito Yrigoyen–. Hasta que en la tarde del 19 de diciembre del 2001 me tocó volver desde Plaza Congreso a mi casa en San Telmo y quedé atrapada en la creciente concentración y tremenda confusión de la Plaza de Mayo. Empezó otra época de mi vida porteña cuando a la noche salían miles de personas a revolver la basura para encontrar comida, cuando me preguntaba cada mañana si iba a seguir existiendo la Ciudad, a pasar los colectivos, a abrir los negocios.

Pero increíblemente, Buenos Aires se reinventó y yo también. Armé mi propia agencia de comunicación corporativa y lancé en 2010 una nueva revista, Ecosistema, dedicada al medio ambiente y los negocios así como a las nuevas economías. El cuidado del medio ambiente pasa no solo por una actitud ciudadana –que se desarrolla llamativamente en Buenos Aires– sino por la concientización y el protagonismo del mundo empresarial y de los lideres de opinión. Además me mudé a un hermoso edificio antiguo cerca del Parque Lezama. Me gusta la vida de barrio que tiene la zona, la proximidad con la Reserva Ecológica y la posibilidad de ir a caminar de noche dando una vuelta por Puerto Madero desde la calle Brasil hasta Córdoba pasando por el puente de la Mujer y haciendo una pausa para el café en I Central Market. Otra opción de caminata que me gusta es ir desde La Boca hasta Barracas por la ribera nueva del Riachuelo. ¡Cambió mucho! Lo suelo hacer el sábado a la mañana con mi amigo Daniel, que vive a una cuadra de Caminito. A veces terminamos tomando un cafecito en la Fundación Proa. Me siento porteña, con inclinación hacia el Sur, no cabe duda.

Fuente: Clarin: http://www.clarin.com/capital_federal/siente-portena-corazon-mirando-Sur_0_668933262.html
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